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Cognizant blog

3 junio 2020

Hoy más que nunca, el usuario tiene un papel activo en su salud. El paciente del siglo XXI se informa, es más consciente y está más motivado para tomar decisiones que le permitan llevar una vida más saludable. Sin embargo, este perfil sigue limitando su asistencia a la atención profesional cuando se siente mal o experimenta dolor.

Algunos expertos señalan que la primera persona que llegará vivir 150 años ya ha nacido, por lo que el deseo de vivir más, de forma más intensa y con más salud, plantea un cambio de rumbo en el sector sanitario y farmacéutico. Éste debe asumir que su papel ha de ser más ambicioso que solucionar problemas cuando éstos ocurran: debe dar respuesta a potenciales riesgos antes de que se convierten en un tema de salud pública. Para ello, es esencial que se adopte un enfoque proactivo que contemple el uso de la tecnología para tomar medidas preventivas y para conseguir conocimiento a largo plazo. La pandemia del COVID-19 ha sido un ejemplo: desde el desarrollo y el testeo de vacunas hasta el cuidado en los hospitales para los pacientes más críticos, todos los aspectos están evolucionando a una velocidad extraordinaria. Los procesos que se implementen permanecerán tras la COVID-19 y marcarán la dinámica de una industria con el objetivo de dar una respuesta rápida a la innovación digital y a futuras crisis sanitarias.

Tecnología que transforma

La tecnología ha irrumpido en el sector sanitario y farmacéutico desde diferentes frentes. Una de las tecnologías más llamativas es el Internet de las Cosas (IoT) como los dispositivos wereables y los sensores domésticos que permiten la monitorización en tiempo real de signos vitales y, por tanto, podrán identificar cualquier posible eventualidad antes de que tenga consecuencias físicas en el paciente y en su bienestar. Este escenario favorecerá una nueva forma de interacción entre el profesional sanitario y el paciente, impulsada por las expectativas del usuario de servicios sanitarios de autocuidado accesibles e innovadores que les proporcionen el expertise de profesionales en movilidad y en la distancia. Con esta premisa, la conexión y la integración de la información se convierten en piezas fundamentales para conectar de forma continua con los usuarios en el momento oportuno y con la información y los servicios médicos personalizados y adecuados. De esta forma, los centros sanitarios y hospitales dejan de ser meros transmisores de malas noticias a convertirse en agentes activos para el bienestar y la salud a largo plazo.

 

smartwatch con una imagen de fondo de un hombre

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