La inteligencia artificial se ha integrado en el día a día de empresas y usuarios a una velocidad sin precedentes. Sin embargo, su adopción no responde únicamente a su sofisticación técnica, sino a un factor mucho más simple: la facilidad de uso. Tal y como señala el psicólogo Fernando González, autor del libro Hackeando tu cerebro: Las claves para entender la mente, “ante la disyuntiva entre lo fácil y lo adecuado, el cerebro siempre elige lo primero”. Este principio ayuda a entender por qué herramientas como ChatGPT han alcanzado una adopción masiva, superando los 900 millones de usuarios semanales.
Superado el debate sobre la llegada de la IA como reemplazo del ser humano, el uso de esta tecnología, que amplifica nuestras capacidades, ‘exige’ situar al profesional dentro del loop. El verdadero valor reside en el pensamiento crítico del humano, capaz de evaluar si los resultados generados por la tecnología son válidos y aplicables al negocio.
De la adopción al impacto real en negocio
El debate impulsado por Cognizant junto a expertos de Banco Santander y Santander Digital Services puso sobre la mesa la idea de que el desafío ya no es acceder a la IA, sino convertirla en valor tangible.
La presión por adoptar estas herramientas está llevando a muchas organizaciones a integrarlas sin un análisis estratégico previo. Tal y como advierte Jorge L. Fernández, IT Manager Full Stack Hub en Solutions Engineering Partner de Banco Santander, “su coste puede llegar a superar al del trabajo humano que pretendía complementar o sustituir”. Esto evidencia la necesidad de evaluar con rigor cuándo y cómo utilizar la IA dentro de los procesos empresariales.
Formación: el principal cuello de botella
Uno de los principales retos identificados es la falta de capacitación. Aunque la IA está cada vez más presente en las organizaciones, su uso efectivo sigue siendo limitado por la falta de formación adecuada.
Según el informe de Genius HRTech y Digipoll (2025), el 61% de los profesionales afirma que su empresa no les ha proporcionado orientación adecuada sobre el uso de la IA. Una realidad que desde Cognizant ya se anticipa como uno de los grandes retos de 2026. Como señala David Galán, IT Manager en Solutions Engineering de Banco Santander, “a pesar de la insistencia para que usemos la IA, no hemos recibido la formación adecuada para saber qué podemos hacer y qué no”.
Pensamiento crítico: la ventaja competitiva que no se puede automatizar
Hoy conviven en las empresas dos perfiles opuestos: el profesional que aún da la espalda a la IA y el que ya no concibe su trabajo sin ella. Ninguno de los dos extremos parece sostenible. La diferencia sigue estando en una capacidad que, por ahora, la tecnología no puede replicar: el pensamiento crítico. “La IA no es inteligente. Es una fórmula matemática, una aproximación”, recuerda José Manuel Zafra, Head of BFS&I de Cognizant South Europe. Por eso, delegar en ella la toma de decisiones sin un filtro humano sigue siendo un error.
La cuestión ya no es qué puede hacer la IA, sino qué decisiones no deberíamos dejar nunca en sus manos. Ahí es donde el riesgo deja de ser tecnológico para convertirse en estratégico. Y donde la IA responsable deja de ser una opción ética para convertirse en un requisito de negocio.