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Cognizant blog

Una mala experiencia de usuario no es un problema de diseño. Es un problema de negocio. El CX Index 2024 de Forrester documenta que la calidad de la experiencia de cliente en EE.UU. lleva tres años consecutivos cayendo y ha alcanzado su nivel más bajo en una década, con casi cuatro de cada diez marcas registrando descensos significativos en el último año. Los clientes que se van rara vez avisan. Simplemente no vuelven. En un entorno donde la IA acelera las interacciones digitales, adoptar la tecnología sin criterio humano no corrige esa tendencia. La acelera.

La UX, cuando funciona, se nota en la cuenta de resultados

Las compañías que hoy marcan el paso en experiencia digital no lo han logrado “dejándolo todo a la tecnología”. Detrás hay decisiones de diseño, pruebas y correcciones constantes: interfaces claras, procesos sin fricción y personalización que no se siente intrusiva.

Gartner atribuye a la experiencia- y no al precio ni al producto- dos tercios de los cambios en la fidelidad de los clientes. Traducido: lo que se decide en diseño termina afectando a ingresos, retención y posición competitiva. Por eso, la conversación sobre IA en UX no va de herramientas. Va de estrategia.

La IA responde. El problema es cuándo conviene creerla

José Manuel Zafra, Head of BFS&I de Cognizant Sur Europa, lo resume sin rodeos: "la clave en una buena UX reside en el talento de las personas".

La IA puede darte una respuesta en segundos. Aun así, puede ser irrelevante, incompleta o directamente errónea para ese usuario y ese momento. Y si nadie revisa, el fallo no siempre se ve al instante, sino que se acumula en forma de fricción, inconsistencias y desconfianza. Evelyn Weiss, Experiencia Partner de Cognizant, lo deja claro: "El conocimiento previo y el pensamiento crítico del profesional es fundamental para verificar lo que devuelve la IA".

Los riesgos no son teóricos. Ya se han documentado alucinaciones en sectores como el legal, con consecuencias tangibles cuando faltó revisión humana. En UX, en cambio, el problema suele ser más discreto. No aparece como un “error” evidente, sino como pequeños tropiezos: una fricción aquí, una incoherencia allá y, al final, una confianza que se va erosionando. Repensar cómo se diseña la UX en entornos con IA es el punto de partida para evitarlo.

El verdadero riesgo: usar la IA como piloto automático

En muchas organizaciones la IA se está adoptando con la idea equivocada de que “decide” por sí misma. En realidad, suele hacer otra cosa. Multiplica lo que ya hay (supuestos, prioridades, sesgos) y lo devuelve con apariencia de certeza. No es un matiz; cambia el resultado.

Para un directivo, la pregunta no es cuánta IA hay en el proceso, sino qué decisiones se están dejando en manos de un sistema sin supervisión. Desde cómo se define el problema, hasta qué se considera “éxito”. Ruth de la Torre, Lead Content Supply Chain de Banco Santander, lo resume en una frase: "El conocimiento y el background del profesional es clave a la hora de interaccionar con el sistema y obtener el mejor resultado".

Este problema se acentúa en escenarios donde la IA intermedia directamente las interacciones con el usuario. Cuando la respuesta es rápida pero no pertinente, o cuando la gestión automatizada falla en el traspaso a una persona, la experiencia se percibe como inconsistente y frustrante, aunque los sistemas “funcionen”.

Sin supervisión, la UX se va rompiendo por los bordes

La inteligencia artificial automatiza, acelera y amplía capacidades. Pero la experiencia de usuario sigue requiriendo algo que la máquina no aporta por sí sola: criterio. Personas que deciden qué se optimiza, qué se descarta y qué no se toca. Cuando ese filtro desaparece, el sistema puede “funcionar” y, aun así, ir dañando la relación con el cliente.

Diseñar experiencias con IA y enfoque human centric no consiste en “poner un control humano” al final. Consiste en mezclar desde el principio tecnología, diseño y responsabilidad sobre el resultado. Quien lo hace evita errores previsibles y construye experiencias más consistentes que las de quien solo automatiza. En este sentido, estos cinco pilares pueden servir como guía.

La pregunta de fondo

El freno, en la mayoría de las empresas, no es el acceso a la IA. Es decidir cómo usarla sin romper la coherencia de la experiencia de cliente.

Cuando la IA se utiliza sin supervisión humana, no toma mejores decisiones; amplifica las existentes. Entenderlo marca la diferencia entre automatizar por automatizar o usar la tecnología para mejorar de verdad la experiencia.

Si quieres ponerle números y nombres a esa ecuación, el primer paso es revisar qué decisiones están automatizadas, cuáles se supervisan y dónde se pierde control.

Expertos de Cognizant y Banco Santander explican cómo combinar IA y criterio humano para diseñar experiencias de usuario que generan confianza, reducen fricción y se traducen en resultados de negocio reales.

 

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Natalia Mosquera

Cognizant Spain Copywriter

 

Alfredo Ávila



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